Por esos momentos a tu lado...
inmejorables¡
Te quiero porque eres la persona que me acompaña minuto a minuto, ya sea cuando estas conmigo o cuando te pienso, imagino, extraño...
Te quiero porque vives en mi en donde quiera que este, porque mi recuerdo no te olvida, porque te necesito, porque cada día juntos escribimos una historia.
Te quiero porque eres mi destino, porque la vida te ha puesto en mi camino para que te amara, para que compartiera mis momentos mas bonitos contigo.
Te quiero porque la vida es un juego...el más difícil, pero lo quiero compartir contigo.
Te quiero porque no me canso de mirarte, de sentirte, de besarte...
Te quiero simplemente porque mi corazón lo dice, porque cada segundo sin ti se convierte en un minuto, cada minuto en una hora, cada hora en un día...
Que si! que te quiero porque te quiero y porque no me alcanzan las palabras de este mundo para expresarlo...

Te quiero porque solo tú sabes cuanto te quiero...
Y cuando menos te lo esperas todo tu mundo empieza a dar vueltas... Es como si se activara un mecanismo interno y decidiera, por unos momentos, no dejarte en paz. Como si te echara de menos y volviera pidiendo a gritos tu compañía. Tu no quieres, pero no puedes hacer nada, ha llegado y no va a irse fácilmente... Y es en ese momento, el menos oportuno en todo caso, cuando tus pensamientos comienzan a lanzarte flechas afiladas así, sin más, dejándote desconcertada, impactada... Por unos segundos te paras a pensar en si llevas el camino correcto o , por el contrario, debes dejarlo todo atrás. En ese instante todo se para, no sabes que pasa, aunque deberías, pero no es el caso...
Y hoy un poquito de esa lluvia que dejan a su paso las tormentas de verano para refrescar estos días calurosos, secos... dejados...



Hoy que se me ha presentado la ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.
Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tales cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de lluvia que se resbalan sobre las hojas de los arboles después de una tempestad de verano [...]
G.A. Bécquer

